Hay días en los que pierdo
la sana costumbre de vivir,
en los que me acuesto con la alegría
y abrazada, descansando su cabeza sobre mi pecho,
amanece conmigo la sensación de haberlo perdido todo.
Y me levanto. Y ruego a Dios
que sobre mis mares no impere la zozobra,
que sobre mi cabeza no baile la angustia,
que entre mis manos no tema conjugar futuros.
Y desayuno. Y me pregunto el porqué
de esta tonelada sobre mi espalda
y el marchito recuerdo en mi boca.
Hay días en los que me doy cuenta
que no te has ido parasiempre,
en los que recuerdo
que andas en otra habitación de la casa,
de viaje,
o acaso solo paseando tu belleza por los parques.
A quién engañamos:
no somos los mismos.
Tampoco pretendemos serlo,
pero surge en nosotros esa necesidad
de amarrar el presente al pasado,
de reinventar, a la luz de este instante,
el futuro.
A quién engañamos cuando tomamos nuestras manos,
ebrias de nervios,
ansiosas por el "después";
cuando creemos que la vida es ese caos
que no existe en nuestros silencios
sino en el momento en el que se nos perdió
la oportunidad de darle forma al destino.
No sé ya si quien tengo al frente es quien creo;
tampoco si frente a ti esté yo,
sólo sé que la vida es instante,
el tiempo que separa tu cuerpo del mío.
A quién engaño. Soy incongruencia.
Hay veces en las que no recuerdo cómo ser yo.
Dejo mi sombra, una afilada aguja que hiere la calle y con tristes ojos examina los muros, las ventanas de reja donde hubo incapaces amores, el cielo sin cielo de mi ciudad. Dejo mis dedos espectrales que recorrieron teclas, vientres, aguas, párpados de miel y por los que descendió la escritura como una virgen de alma dehilachada. Dejo mi ovoide cabeza, mis patas de araña, mi traje quemado por la ceniza de los presagios, descolorido por el fuego del libro nocturno. Dejo mis alas a medio batir, mi máquina que como un pequeño caballo galopó año tras año en busca de la fuente del orgullo donde la muerte muere. Dejo varias libretas agusanadas por la pereza, unas cuantas díscolas imágenes del mundo y entre grandes relámpagos algún llanto que tuve como un poco de sucio polvo en los dientes. Acepta esto, recógelo en tu falda como unas migas, da de comer al olvido con tan frágil manjar.
"Pocas veces se escribe por alegría. Generalmente, uno escribe porque está triste". Ésa es acaso una de las frases más oídas por aquellos que empuñan un lápiz y se desgracian sobre el papel. ¿Pero será totalmente cierto?
Sin considerarme escritor o cualquier cosa que se le parezca, confieso que me pasa algo parecido, aunque no sólo me remitiría a la tristeza, sino a otro tipo de vicios sentimentales, tales como la ansiedad, el miedo, el querer huir o el agobio.
Sin embargo, no creo que el razonamiento pueda aplicarse a contrario sensu, es decir, "no escribo porque estoy contento". ¿A alguien se le podría ocurrir semejante locura? Yo creo que en esos casos, más bien, se trata de que uno no escribe porque está más ocupado viviendo que por cualquier otra cosa. Claro, con esto no quiero decir que aquellos que se entreguen a las letras no tengan vida, pues mucho de lo que se escribe parte de la experiencia propia o la de terceros, es decir, de lo que se vive.
A mí, por ejemplo, lo que me mantuvo (y acaso mantiene) lejos del blog es un poco esa vorágine que es la vida, sobre todo la de la capital, en donde el tiempo es un monstruo gigante que te amenaza con robarte la existencia a punta de minuteros. Entonces, he corrido como loco a vivir lo que se puede.
Lo que me trae aquí, en realidad, es esa necesidad (tan) humana que es querer expresar, eso que evita que explotemos de distintas formas o que, por lo menos, facilita que lo hagamos de forma pacífica, como consecuencia de sentimientos positivos o negativos. Tan sólo por sentir y decir; así te escuchen muchos, pocos o ninguno... Simplemente decir.
2012-06-06
No me voy a molestar en averiguar de dónde vino ese pensamiento. Suprarrealidad al traspolar tiempos, conjugaciones, verbos, sustantivos. Todo se resume en esas dos letras que están vedadas al hoy.
Me basta saber que existe ese hálito, ese pequeño espacio donde habitan los días a los que se les arrebató el nombre. La delgada línea que divide el recuerdo límpido del corrompido. Cierra los ojos y regalémonos la sonrisa.
Si regresa el sol, si cae la tarde, si la noche tiene un sabor de noches futuras, si una siesta de lluvia parece regresar de tiempos demasiado amados y jamás poseídos del todo, ya no encuentro felicidad ni en gozar ni en sufrir por ello: ya no siento delante de mí toda la vida… Para ser poetas, hay que tener mucho tiempo: horas y horas de soledad son el único modo para que se forme algo, que es fuerza, abandono, vicio, libertad, para dar estilo al caos. Yo, ahora, tengo poco tiempo: por culpa de la muerte que se viene encima, en el ocaso de la juventud. Pero por culpa también de este nuestro mundo humano que quita el pan a los pobres, y a los poetas la paz.
Bueno, hoy es el cumpleaños de uno de mis cineastas favoritos: Woody Allen. A riesgo de ser spoiler, les dejo el monólogo introductorio de la que me parece -sin duda- su mejor pela: "Annie Hall".
¡Feliz cumpleaños, genio!
Pd: Hay frases del subtitulado que no se logran ver por el ancho de la pantalla. Pueden llevar el cursor del mouse a la esquina izquierda del vídeo y cliquear en el nombre el título del vídeo para verlo completo en YouTube.
Hoy estaba probando mis vinilos mientras hacía la tesis. Todavía no había almorzado, lo cual (en buen cristiano) significa que me cagaba de hambre. Me dio mucho sueño y entonces decidí tomar una siesta no mayor a quince minutos. Ahí estaba yo: tirado como mamarracho en la cama de mi hermana, en este cuarto que ya casi es el mío gracias a que la PC está empotrada en este estante que ustedes no alcanzan a ver.
Como banda sonora tenía "El Pájaro de Fuego" de Igor Stravinsky, interpretada por la London Symphony Orchestra, dirigida por Leopold Stokowski. Brindo los datos certeros para que se ubiquen mejor en la sórdida escena. Para morir. Sólo para que se den una idea:
De pronto, estaba en una casa de dos pisos, blanca, con atavíos de madera. Una casa grande. Yo andaba en el segundo piso, cuando, entonces, la musiquita se intensificó y apareció una suerte de verdugo que ajusticiaba a tipos allá abajo, en el primer piso. Cuando acabó con todos, miró hacia arriba, donde estaba yo, en el hall pequeño donde estaba la televisión en la pared. No sé qué veía en la tele (tampoco creo que tenga relevancia a estas alturas), el tema es que vino por mí. Subió las escaleras de madera a paso fugaz. No pude ver bien qué traía puesto, pues mis ojos se concentraron exclusivamente en su espantoso su rostro. Podría afirmar que sus ojos eran saltones y su expresión más mala que la de un sid (saben qué es un sid, ¿verdad?). Es más, podría jurar que sólo era una cabeza si no fuera porque vi que traía algo así como una túnica.
Mientras subía raudo las escaleras, supe que algo tenía que hacer: correr. Volver por el único camino al segundo piso era toparme con él y con el arma que, de veras, no recuerdo cuál era, así que sólo atiné a saltar desde el segundo piso. Caí en unos muebles, incorporándome al instante, consciente de que el verdugo tenía la misma resolución que yo para saltar desde esa altura. Seguí corriendo y volví a subir a ese hall. El tipo corrió tan rápido que por un momento sentí que respiraba en mi nuca. Cuando llegué al mismo lugar donde empezó todo, volví a saltar para evitar ser cazado. Fue entonces cuando volví en mí. Caí en el mueble, pero, en realidad, desperté en mi cama (bueno, la cama de mi hermana). Sí: Todo había sido una puta pesadilla.
Al parecer hay algo que me persigue y me persigue, así que mejor voy a hacerle la lucha antes de que acá (en la vida real) sí me alcance... No lo hará la muy cabrona.
Dicen que no sabemos nada, que somos el atraso, que nos han de cambiar la cabeza por otra mejor.
Dicen que nuestro corazón tampoco conviene a los tiempos, que está lleno de temores, de lágrimas, como el de la calandria, como el de un toro grande al que se degüella, que por eso es impertinente.
Dicen que algunos doctores afirman eso de nosotros, doctores que se reproducen en nuestra misma tierra, que aquí engordan o que se vuelven amarillos.
Que están hablando, pues: que estén cotorreando si eso les gusta. ¿De qué están hechos mis sesos? ¿De qué está hecha la carne de mi corazón? Saca tu larga vista, tus mejores anteojos. Mira, si puedes. Quinientas flores de papas distintas crecen en los balcones de los abismos que tus ojos no alcanzan, sobre la tierra en que la noche y el oro, la plata y el día se mezclan. Esas quinientas flores, son mis sesos, mi carne.
¿Por qué se ha detenido un instante el sol, por qué ha desaparecido la sombra en todas partes, doctor? Pon en marcha tu helicóptero y sube aquí, si puedes. Las plumas de los cóndores, de los pequeños pájaros se han convertido en arco iris y alumbran. Las cien flores de la quinua que sembré en las cumbres hierven al sol en colores, en flor se ha convertido la negra ala del cóndor uy de las aves pequeñas.
Es el mediodía; estoy junto a las montañas sagradas: la gran nieve con lampos amarillos, con manchas rojizas, lanzan su luz a los cielos. En esta fría tierra, siembro quinua de cien colores, de cien clases, de semilla poderosa. Los cien colores son también mi alma, mis infaltables ojos. Yo, aleteando amor, sacaré de tus sesos las piedras idiotas que te han hundido. El sonido de los precipicios que nadie alcanza, la luz de la nieve rojiza, de espantado, brilla en las cumbres. El jugo feliz de los millares de yerba, de millares de raíces que piensan y saben, derramaré tu sangre, en la niña de tus ojos.
El latido de miradas de gusanos que guardan tierra y luz; el vocerío de los insectos voladores, te los enseñaré hermano, haré que los entiendas. Las lágrimas de las aves que cantan, su pecho que acaricia igual que la aurora, haré que las sientas y las oigas. Ninguna máquina difícil hizo lo que sé, lo que sufro, lo que gozar del mundo gozo. Sobre la tierra, desde la nieve que rompe los huesos hasta el fuego de las quebradas, delante del cielo, con su voluntad y con mis fuerzas hicimos todo eso.
No huyas de mi doctor, acércate Mírame bien reconóceme. ¿Hasta cuándo he de esperarte? Acércate a mí; levántame hasta la cabina de tu helicóptero. Yo te invitaré el licor de mil savias diferentes. Curaré tu fatiga que a veces te nubla como bala de plomo, te recrearé con la luz de las cien flores de quinua, con la imagen de su danza al soplo de los vientos; con el pequeño corazón de la calandria en que se retrata el mundo, te refrescare con el agua limpia que canta y que yo arranco de la pared de los abismos que templan con su sombra a nuestras criaturas. ¿Trabajaré siglos de años y meses para que alguien que no me conoce y a quien no conozco me corte la cabeza con una máquina pequeña?
No, hermanito mío. No ayudes a afilar esa máquina contra mí, acércate, deja que te conozca, mira detenidamente mi rostro, mis venas, el viento que va de mi tierra a la tuya es el mismo; el mismo viento que respiramos; la tierra en que tus máquinas, tus libros y tus flores cuentas, baja de la mía, mejorada, amansada.
Que afilen cuchillos, que hagan tronar zurriagos; que amasen barro para desfigurar nuestros rostros; que todo eso hagan. No tememos a la muerte, durante siglos hemos ahogado a la muerte con nuestra sangre, la hemos hecho danzar en caminos conocidos y no conocidos. Sabemos que pretenden desfigurar nuestros rostros con barro; mostrarnos así, desfigurados, ante nuestros hijos para que ellos nos maten.
O sabemos bien qué ha de suceder. Que camine la muerte hacia nosotros; que vengan esos hombres a quienes no conocemos. Los esperaremos en guardia, somos hijos del padre de todos los ríos, del padre de todas las montañas ¿es que ya no vale nada el mundo, hermanito doctor? No contestes que no vale. Más grande que mi fuerza en miles de años aprendida; que los músculos de mi cuello en miles de meses; en miles de años fortalecidos, es la vida, la eterna vida mía, el mundo que no descansa, que crea sin fatiga; que pare y forma como el tiempo, sin fin y sin principio.
José María Arguedas
Pd.- Un día como hoy, 28 de noviembre de 1969, en un baño de la Universidad Agraria, José María Arguedas decidió terminar con su vida. El balazo no lo mató sino varios días después, aunque él había calculado morir instantáneamente el 28. Este poema suyo es sinceramente hermoso. Va como homenaje,
Iván Thays
Nota: Acabo de reproducir el post de Iván Thays en Moleskine Literario que recoge un hermoso poema de Arguedas. Aquí el link.
Lo que está ocurriendo en poblados de Cajamarca (Proyecto Conga) trasciende el hecho que los beneficios de la minería no lleguen a la gente. En su concepción (y, por supuesto, la nuestra) el agua es su fuente de vida. Como me dijo una vez mi amiga Mari: "Ellos han establecido sus viviendas en función de las fuentes de agua que existen". En todo caso, las palabras de una pobladora de Rejopampa son más que elocuentes: "Así no tengamos qué comer, pero siquiera el agua debe haber".
Creo que puede existir una minería social y ambientalmente responsable, pero esto de Conga me deja muchas dudas. ¿Cómo pedirle a las poblaciones de San Juan, Choropampa y Magdalena que crean en la minería luego del derrame de mercurio de 2000 por "obra y gracia" de Yanacocha?.
Lo de Cajamarca no hace sino confirmar un mal endémico de nuestra sociedad: la falta de empatía. ¿Qué harías tú si estuvieras en su lugar?.
Cuando emprendas tu viaje a Ítaca pide que el camino sea largo, lleno de aventuras, lleno de experiencias. No temas a los lestrigones ni a los cíclopes ni al colérico Poseidón, seres tales jamás hallarás en tu camino, si tu pensar es elevado, si selecta es la emoción que toca tu espíritu y tu cuerpo. Ni a los lestrigones ni a los cíclopes ni al salvaje Poseidón encontrarás, si no los llevas dentro de tu alma, si no los yergue tu alma ante ti.
Pide que el camino sea largo. Que muchas sean las mañanas de verano en que llegues -¡con qué placer y alegría!- a puertos nunca vistos antes. Detente en los emporios de Fenicia y hazte con hermosas mercancías, nácar y coral, ámbar y ébano y toda suerte de perfumes sensuales, cuantos más abundantes perfumes sensuales puedas. Ve a muchas ciudades egipcias a aprender, a aprender de sus sabios.
Ten siempre a Ítaca en tu mente. Llegar allí es tu destino. Mas no apresures nunca el viaje. Mejor que dure muchos años y atracar, viejo ya, en la isla, enriquecido de cuanto ganaste en el camino sin aguantar a que Ítaca te enriquezca.
Ítaca te brindó tan hermoso viaje. Sin ella no habrías emprendido el camino. Pero no tiene ya nada que darte.
Aunque la halles pobre, Ítaca no te ha engañado. Así, sabio como te has vuelto, con tanta experiencia, entenderás ya qué significan las Ítacas.
Más allá del origen religioso, aquí también deberíamos celebrar el "Día de Acción de Gracias" (Thanksgiving Day). Tenemos mucho que agradecer, pero no lo hacemos.
A mí se me hace que somos muy malagradecidos. Nos quejamos de todo y de todos, pero muy pocas veces nos detenemos a reconocer lo bueno y a dar las gracias por ello. Y es que, si todo está tan jodido como dicen, cuando te topas con algo/alguien bueno, lo mínimo que puedes hacer es estar agradecido de haber encontrado la aguja en el pajar.
Una de las tareas más difíciles para una persona es la de plasmar en letras lo que siente en lo más profundo de sí, siendo, generalmente, los talentosos quienes logran hacerlo con envidiable excelencia. Lamento no ser un virtuoso, pero me enorgullezco de sentir ciertas cosas que, de veras, valen la pena. Una de ellas es la felicidad que me dejó el concierto de Pearl Jam. Haré el intento, entonces.
Me había unido a un grupo de amigos que empezaron a acampar desde el lunes. Mi turno fue de jueves a viernes, dormí solo en la carpa, pero contentazo porque al día siguiente (¡por fin!) se cumpliría el sueño musical de muchos: Ver a Pearl Jam en Perú. Al día siguiente la gente no aguantaba los nervios; la fila (que alcancé con las justas luego de irme a casa a asearme) no veía la hora de que rompieran la mitad de su ticket y les dieran licencia para echarse a correr el tramazo hasta la cancha del San Marcos. Así fue: Apenas dieron el pase, corrimos cual velociraptors para estar lo más cerca que se podía.
Y es que hasta ahora no puedo creerlo: Vi a Pearl Jam en vivo, y encima les vi desde la primera fila, justo entre Eddie y Mike. La verdad es que ello fue un inmerecido premio, pues creo que hay gente que les escucha desde hace muchos años. En mi defensa debo agüir que los pocos años que llevo escuchándolos lo he hecho "en serio", deshaciendo y aprehendiendo cada una de las canciones que me han gustado (que han sido casi todas).
"Metamorphosis 2" como intro nos daba la señal de que todo empezaba. A continuación, Eddie, Mike, Jeff, Stone y Matt aparecieron caminando y el Estadio (una vez más) estalló de la locura. El rasgueo de "Interestelar Overdrive" (cover de Pink Floyd) abrió la puerta para "Corduroy". Morí. Corrección: Morimos. Todos, eufóricos gritamos pasajes como: "I don't want to take what you can give/ I would rather starve than eat your bread...", algunos de nosotros cantando a voz en cuello, empuñando la bandera peruana con el "Perú Jams" que una cervecera obsequió a la entrada al concierto. ¡Qué felicidad!
Ya luego llegaron temas como "Why go", "Hail hail" y, por supuesto, la visceral "Do the evolution". ¡La mierda! ¡Cómo cantaba y saltaba la gente! Desde adelante, no distinguía el pogo en ese mar de cabezas, apenas me podía mover, empotrado a la valla de seguridad. Después de "Severed hand", la gente reposaba la euforia con "Immortality", tema que bien podría titular la noche ésa.
Durante ciertos episodios del concierto, Eddie Vedder se dirigía en español a la multitud a través de lo que había escrito en un cuaderno. Tan propio de él, recomendó que nos cuidáramos los unos a los otros y expresó su gusto de pisar Perú, diciendo algo que tocó a muchos: "La verdad es que no sé cómo tardamos 20 años para venir". Esto fue coronado con lo que dijo después, respecto de la sorpresa con la que se encontró esa misma mañana al ver esto, diciendo algo como: "Soñé que vi a través de la ventana de mi cuarto: Había personas paradas en un parque deteniendo una camiseta gigante y cantando canciones sobre Pearl Jam. Luego me di cuenta que estaba despierto y no era un sueño. Queremos agradecerles por la gran bienvenida y por hacer nuestro sueño realidad. Gracias". Emotivo, tan emotivo que ese mismo día Eddie había mandado al staff de la banda a entregar una carta en agradecimiento a la gente. Chequen aquí.
Luego siguieron canciones como "Elderly Woman Behind the Counter in a Small Town", "The Fixer", la emblemática "Even Flow" y "Setting Forth", tema (que grité con furia) incluido en el OST de "Into The Wild", opera prima de Sean Penn [Si no la han visto, háganse un favor: vénala], "Not For You", "Lukin", "Amongst The Waves", la cruda "Better Man", "Black", coreada increíblemente por la gente, y "Go".
Luego del primer encore, la banda volvió con "The end"; al terminar esa canción, Eddie mencionó que dos miembros del staff se habían casado y estaban en su luna de miel. Los invitó al escenario y les cantó la que es -para mí- la mejor canción del "Backspacer": "Just breathe". Fue increíble. "Daughter", "Unthought known" (invitándonos a soñar los sueños de los demás para no ser rivales de nadie), la inédita "Olé", "Blood" y los clásicos "Jeremy" y "Porch" cerraron el segmento.
Tras el "Olé, olé, olé, olé... Pearl Jam, Pearl Jam", la banda volvió a salir en su segundo encore, el cual hacía imposible bajar el termómetro de alegría. Entonces, "Given to fly", quizás la canción más hermosa de Pearl Jam, sonó. Volamos alto y ancho en ese preciso instante. Los covers "Last kiss" (Wayne Cochran) y "The real me" (The Who) antecedieron a la poderosísima "Alive". Para el siguiente tema, Ed invitó a la genial banda telonera: "X" al escenario para interpretar otro cover: "Rockin' in the Free World", del no menos espectacular Neil Young. "Indifference" y "Yellow ledbetter" cerraron la noche de ensueño.
Terminado el concierto, todos lucían más que satisfechos, como era de esperarse, Pearl Jam no decepcionó y brindó un concierto que hizo olvidar que tras 20 años de existencia, recién pisaron estas tierras. Cuando me encontré con dos de las personas más fanáticas de Pearl Jam, Daniel y Miguel, sólo atinamos a abrazarnos y gritar de alegría porque, por fin, el sueño era real.
Siempre es odioso comparar, pero -personalmente- creo que Pearl Jam es lo mejor que apareció en los noventa, no sólo porque ofreció un sonido salido de las vísceras, sino porque fue capaz de nadar también entre las "baladas" más sensibles que dio la música. Las letras tienen un alto contenido existencial, de optimismo, cuestionamiento, crítica y, claro, amor. Toda una exploración del ser humano, ataviado con un estilo medio poético, que hace más meritorio su trabajo y que atrae no sólo a jóvenes, sino a todos [mi viejita casi se pone a llorar cuando le traduje "Off he goes" y "Just breathe"]. Más aun: Pearl Jam trasciende la música. Su congruencia como banda y su compromiso social dan cuenta de ello.
El 18 de noviembre de 2011 pudimos ver una de las bandas que serán recordadas de acá a varios, varios años, como de las más importantes que hubo. Cantamos, nos abrazamos, gritamos de euforia y por un día (y acaso más) todos fuimos hechos para volar.
Debí saber que te ibas cuando hablabas a media voz O decías lo prohibido debajo de las sábanas Ahora nadie es testigo de cómo explotan las constelaciones Cuando descanso mi corazón sobre tu espalda Y acaso lo que era todo no ha vuelto a serlo desde entonces Todo no llega ni a la mitad Ni siquiera siendo optimista Ningún planeta gira ya alrededor del sol Sino en torno a tu recuerdo Dicen que estás en todos lados Pero a mí se me hace que nunca exististe Porque ese tacto no es de este mundo Y es que al final no importa Pues sea como sea Ya estoy cansado de hablar de ti conmigo mismo
Íbamos a vivir toda la vida juntos. Íbamos a morir toda la muerte juntos. Adiós.
No sé si sabes lo que quiere decir adiós. Adiós quiere decir ya no mirarse nunca, vivir entre otras gentes, reírse de otras cosas, morirse de otras penas. Adiós es separarse, ¿entiendes?, separarse, olvidando, como traje inútil, la juventud.
!Íbamos a hacer tantas cosas juntos! Ahora tenemos otras citas. Estrellas diferentes nos alumbran en noches diferentes. La lluvia que te moja me deja seco a mí. Está bien: adiós. Contra el viento el poeta nada puede.
A la hora en que parten los adioses, el poeta sólo puede pedirle a las golondrinas que vuelen sin cesar sobre tu sueño.
La porquería campea a nuestras espaldas Y sobre el vaso la herrumbre del olvido Hace suya la sed de tristeza Mientras mirando al fuego Recuerdo la combustión de las almas Ya sabes, esa suerte de magia metafísica Que es la sombra de la mujer hecha la del hombre Y viceversa La mierda nada olímpicamente sobre el río Que dice bañar hasta limpiar los corazones Nada Todo es mentira Porque nada es limpio más allá de la mirada Y aunque la porquería seguirá campeando Sobre el páramo de nuestros días Y el odio El rencor La desesperanza Y el hastío seguirán existiendo Por fortuna, a la vuelta de esa esquina De esta vida cada vez más hipócrita Existirán la sonrisa del niño El andar de la mujer Y la dignidad del hombre Existirá, ser humano, algo en qué creer.
"Daddy", incluido en "The Colossus" (1960), es un poema punzante. Directo como un jap, pero agridulce por momentos. En éste, Sylvia despedaza cada uno de los resquemores hacia su padre por una pronta (e involuntaria) partida y por el carácter autoritario que -según biógrafos- él tenía.
Les dejo el texto del poema en inglés y en español, pero, sobre todo, les dejo este furibundo poema leído por la mismísima Sylvia. Un lujo con el cual, advierto, podrían ahogarse.
Diclaimer: This poem could "dance and stamp on you".
DADDY
You do not do, you do not do Any more, black shoe In which I have lived like a foot For thirty years, poor and white, Barely daring to breathe or Achoo.
Daddy, I have had to kill you. You died before I had time--- Marble-heavy, a bag full of God, Ghastly statue with one grey toe Big as a Frisco seal
And a head in the freakish Atlantic Where it pours bean green over blue In the waters off beautiful Nauset. I used to pray to recover you. Ach, du.
In the German tongue, in the Polish town Scraped flat by the roller Of wars, wars, wars. But the name of the town is common. My Polack friend
Says there are a dozen or two. So I never could tell where you Put your foot, your root, I never could talk to you. The tongue stuck in my jaw.
It stuck in a barb wire snare. Ich, ich, ich, ich, I could hardly speak. I thought every German was you. And the language obscene
An engine, an engine Chuffing me off like a Jew. A Jew to Dachau, Auschwitz, Belsen. I began to talk like a Jew. I think I may well be a Jew.
The snows of the Tyrol, the clear beer of Vienna Are not very pure or true. With my gypsy ancestress and my weird luck And my Tarot pack and my Tarot pack I may be a bit of a Jew.
I have always been scared of *you*, With your Luftwaffe, your gobbledygoo. And your neat mustache And your Aryan eye, bright blue. Panzer-man, panzer-man, O You---
Not God but a swastika So black no sky could squeak through. Every woman adores a Fascist, The boot in the face, the brute Brute heart of a brute like you.
You stand at the blackboard, daddy, In the picture I have of you, A cleft in your chin instead of your foot But no less a devil for that, no not Any less the black man who
Bit my pretty red heart in two. I was ten when they buried you. At twenty I tried to die And get back, back, back to you. I thought even the bones would do.
But they pulled me out of the sack, And they stuck me together with glue. And then I knew what to do. I made a model of you, A man in black with a Meinkampf look
And a love of the rack and the screw. And I said I do, I do. So daddy, I'm finally through. The black telephone's off at the root, The voices just can't worm through.
If I've killed one man, I've killed two--- The vampire who said he was you and drank my blood for a year, Seven years, if you want to know. Daddy, you can lie back now.
There's a stake in your fat, black heart And the villagers never liked you. They are dancing and stamping on you. They always *knew* it was you. Daddy, daddy, you bastard, I'm through.
PAPI
Ya no, ya no, ya no me sirves, zapato negro, en el cual he vivido como un pie durante treinta años, pobre y blanca, sin atreverme apenas a respirar o hacer achís.
Papi: he tenido que matarte. Te moriste antes de que me diera tiempo… Pesado como el mármol, bolsa llena de Dios, lívida estatua con un dedo del pie gris, del tamaño de una foca de San Francisco.
Y la cabeza en el Atlántico extravagante en que se vierte el verde legumbre sobre el azul en aguas del hermoso Nauset. Solía rezar para recuperarte. Ach, du.
En la lengua alemana, en la localidad polaca apisonada por el rodillo de guerras y más guerras. Pero el nombre del pueblo es corriente. Mi amigo polaco
dice que hay una o dos docenas. De modo que nunca supe distinguir dónde pusiste tu pie, tus raíces: nunca me pude dirigir a ti. La lengua se me pegaba a la mandíbula.
Se me pegaba a un cepo de alambre de púas. Ich, ich, ich, ich, apenas lograba hablar: Creía verte en todos los alemanes. Y el lenguaje obsceno,
una locomotora, una locomotora que me apartaba con desdén, como a un judío. Judío que va hacia Dachau, Auschwitz, Belsen. Empecé a hablar como los judíos. Creo que podría ser judía yo misma.
Las nieves del Tirol, la clara cerveza de Viena, no son ni muy puras ni muy auténticas. Con mi abuela gitana y mi suerte rara y mis naipes de Tarot, y mis naipes de Tarot, podría ser algo judía.
Siempre te tuve miedo, con tu Luftwaffe, tu jerga pomposa y tu recortado bigote y tus ojos arios, azul brillante. Hombre-panzer, hombre-panzer: oh Tú...
No Dios, sino un esvástica tan negra, que por ella no hay cielo que se abra paso. Cada mujer adora a un fascista, con la bota en la cara; el bruto, el bruto corazón de un bruto como tú.
Estás de pie junto a la pizarra, papi, en el retrato tuyo que tengo, un hoyo en la barbilla en lugar de en el pie, pero no por ello menos diablo, no menos el hombre negro que
me partió de un mordisco el bonito corazón en dos. Tenía yo diez años cuando te enterraron. A los veinte traté de morir para volver, volver, volver a ti. Supuse que con los huesos bastaría.
Pero me sacaron de la tumba, y me recompusieron con pegamento. Y entonces supe lo que había que hacer.
Saqué de ti un modelo, un hombre de negro con aire de Meinkampf,
e inclinación al potro y al garrote. Y dije sí quiero, sí quiero. De modo, papi, que por fin he terminado. El teléfono negro está desconectado de raíz, las voces no logran que críe lombrices.
Si ya he matado a un hombre, que sean dos: el vampiro que dijo ser tú y me estuvo bebiendo la sangre durante un año, siete años, si quieres saberlo. Ya puedes descansar, papi.
Hay una estaca en tu negro y grasiento corazón, y a la gente del pueblo nunca le gustaste. Bailan y patalean encima de ti. Siempre supieron que eras tú. Papi, papi, hijo de puta, estoy acabada.