Cada que la veo hacendosa, subiendo y bajando de un lugar a otro, fuerte como un mariscal en pleno campo de batalla y dócil como el abrazo de una brisa de primavera; o la veo tomando decisiones, aconsejando, corrigiendo, engriendo, cuidando, saliendo adelante, me doy cuenta de cuánto la admiro y quiero. Me doy cuenta también de lo distantes que estamos los de este género de alcanzar eso que con letras no podría decir, pero que tienen ustedes y que veo -sin duda, de manera mucho más especial- en ti, Ma'. Sirva entonces esta pequeñez para desearte (y a través de ti a las demás) un muy feliz día de la mujer.
Amén.