Mostrando entradas con la etiqueta mujeres. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta mujeres. Mostrar todas las entradas

2011-03-08

Dulce vorágine



A riesgo de que este post sea calificado como demagógico o, con mayor precisión, femeninamente populista, igual lo escribiré.

Para empezar, una confesión: Les admiro, mujeres. No es joda, eh. Y es que aunque Maricarmen diga que soy misógino (entre otros, porque me gusta Truffaut... Jajaja), debo confesar que tengo un profundo respeto y cariño por ustedes. Como es natural, podrán deducir que el germen de ello está en la señora que es un corazón hecho persona: mi madre. ¡Tan sensible, abnegada, responsable, solidaria, amorosa, inteligente, bella! ¡Le amo!

Ustedes tienen algo que, de veras, no se encuentra en nosotros, los hombres. Es harto difícil expresarlo, es algo que se siente cuando se les ve a los ojos, cuando se les ve andar con esa manera tan suya, cuando lloran de emoción o cuando transmiten tranquilidad hasta con un monosílabo salido de sus labios. Sabrán entender.

Pero no se crean, eh... ¡También son más jodidas que la $/$·"! Medio volubles, renegonas, caprichosas, dramáticas y neuróticas; en pocas palabras: ¡Qué fácil es que nos hagan perder la paciencia!

Y, bueno, sea como sea, son geniales... Simplemente SON... Y eso es lo que basta.

Feliz día, mujer, dulce vorágine.


Pd: De regalo, una de las canciones más hermosas dedicadas a ustedes: "Woman", del genio John Winston Lennon:



2010-11-09

Mi problema con las mujeres IV: Gilazo



Hoy, dejando de lado mi mala y burguesa costumbre de tomar taxi, me vine en micro a casa. Digo mala costumbre no sólo por mi bolsillo, sino porque de haber venido en taxi, no hubiera vivido lo que viví y, ergo, no estaría frente a esta pantalla, escribiendo lo que escribo.

Cuando subí, el carro parecía lleno, pero al esquivar un par de cuerpos, me di cuenta que en el último asiento de la última fila de lo que parecía ser el último micro del día, estaba vacío. Me senté y entonces empezó todo.

Bien contento me senté y abrí mi libro de turno. Por alguna razón, mi vista se desvió unos 12.5 centímetros a la izquierda. Sus blancas manos contrastaban con el color negro que adornaba sus uñas. Sostenía el celular como quien sostiene un sublime objeto. No podía ser tan descarado, así que sólo observé su rostro por una breve eternidad. Mirada ingenua o acaso perdida; bien arrellanada ella, miraba como buscando algo a través de la sucia ventana del carro.

Esa chica de veras me gustaba con todo ese desaliñado pero hermoso cabello, atado como para disimular ese lindo caos. Fue entonces cuando, tras algunas miradas y sonrisas despistadas, le regalé el avioncito de papel que había hecho con el boleto que me dio el cobrador. Ella sólo atinó a sonreír y agradecer mi tierna imprudencia.

Ella y yo, conversamos el resto del camino, hasta que el breve viaje llegó a su fin. Me paré y le dije: "Te diría que además de gustarme, te quiero... Pero para eso necesitaría 5 minutos más a tu lado". Antes de bajar, giré mi cabeza y me regaló la última sonrisa que he visto en todo el día.



Nah... En realidad, casi nada de lo que les cuento ocurrió (salvo que vi una hermosísima chica en el micro y que me senté a su lado). Más bien he narrado lo que hubiera hecho, si tímido no fuera. He ahí otro de mis problemas con las mujeres.

2010-06-28

Mi problema con las mujeres I: Hamburguesas


Dibujo: J. Notario

No hay peor cosa que cruzarte con una chica jodidamente guapa cuando vienes de jugar fútbol. Nada más desagradable que los cabellos parados, el polo sudado sobre tus hombros, las medias futboleras a medio subir y la lengua afuera de cansancio. A casi media cuadra no se da cuenta, pero cuando pasas por su lado, mientras tú babeas por su rostro medio iluminado por la luz blanca y su firme piernamenta; ella te mira con cierto agrado (bueno, eso creo) mezclado con compasión (¿?). En fin... El caso es que tengo una nueva vecina que vive a unas cuadras de mi casa. Me parece haberla visto tomando taxi (sí, sí: también se me ha ocurrido jalarla en el mío), porque una chica así no pasa desapercibido fácilmente. Así que desde ahora procuraré salir más temprano al trabajo por las mañanas y pasar, por las noches, por ese local donde venden las hamburguesas más ricas que nunca he probado.


(Nota mental: Confieso no tener mucha suerte con las mujeres, eh. Tengo que emprender un exorcismo serio y reírme de mí mismo... Bueno, en eso ando).