2008-10-04

Vocación de arqueólogo


Varias veces a la semana paso por la Plaza de la Bandera. En el camino me topo con la huaca "Mateo Salado". La huaca "Mateo Salado", llamada así en honor al ciudadano francés Matheus Saladé, quien habitó ese recinto a medidados del siglo XVI y quien fuera ejecutado por la Santa Inquisición por hereje (el pobre seguro ni siquiera tenía dónde vivir y lo terminan ejecutando por vivir en una huaca), es un complejo arqueológico perteneciente al Señorío Ichma y cuya construcción es anterior al año 1000 d.C.

La inmensa huaca (según leí alguna vez, tiene como 12 000 m²) viene siendo recuperada (¡por fin, por Dios!) desde hace meses por el INC y el Gobierno Central y puesta en valor por su -creo yo- altísimo potencial turístico. Nada más imagínense un circuito que abarque, entre otros posibles lugares, la Plaza Bolívar (frente a la Municipalidad de Pueblo Libre), el Museo Nacional de Arqueología, Antropología e Historia del Perú, la antiquísima pequeña hacienda del Virrey De la Pezuela (ubicada al lado de dicho museo) donde, en su momento, se hospedaron San Martín y Bolívar, la Iglesia de la Magdalena, la Antigua Taberna Queirolo, el Museo Larco y terminar con el gran complejo arqueológico "Mateo Salado", semejante o mejor que las huacas Huallamarca (San Isidro) y Pucllana (Miraflores). ¿Se imaginan? A mí, por lo menos, se me escarapela el cuerpo de la emoción.

Esa huaca me trae innumerables recuerdos de mi niñez. De pequeño -y debo decirlo con la vergüenza que los años y la modesta cultura que el tiempo y estudios me han sabido dar- solía ir con mis amigos a esa huaca. Trepaba algunos de sus "5 cerritos" (como también se le conoce), algunos con más precaución que otros, pues antes abundaban los "fuma-pai" en algunos de sus rincones. También miraba atónito la genial construcción, inspeccionaba -según yo- posibles restos de antiguos pobladores, acaso algún atisbo arquitectónico que no hubiera sido lacerado por las inclemencias del tiempo y el clima, todo eso con una brocha que encontraba en casa como primitiva herramienta de arquéologo. Fue por esa huaca que alguna vez quise ser arqueólogo -entre las otras 3 millones de cosas que he querido ser-. Recuerdo también haber querido cazar alacranes, creerme Indiana Jones y haber corrido por la rampa del edificio central alucinando que una inmensa roca me pisaba los talones.

El tiempo no se ha llevado mi cariño por esa huaca. Ahora, cuando paso y veo gente recuperando la huaca, estudiándola, remozándola, haciendo adobes para reconstruir ciertos tramos, poniéndola en valor para rescatar un pedazo de nosotros (¡que está en nuestras narices!), me pongo contento, contento de vivir en un lugar donde a la vuelta de tu casa hay miles de años de cultura esperando seguir con vida, contento de que las autoridades por fin hagan algo por cosas tan importantes como la identidad a través de la historia y la cultura, contento porque tengo la seguridad que ese lugar donde he dejado algunos de los momentos más bonitos de mi vida se conservará.

Dicho sea de paso, el tiempo tampoco se ha llevado mi vocación de arquélogo, pues aún sigo escarbando en el pasado mi recordada niñez, rescatando la mayor cantidad momentos más felices de mi existencia. Buscando una identidad en mi esencia más pura (de esa que a veces nos olvidamos). Rescatando lo mejor de mi vida y tratando de aprender de los yerros para no volver a caer o acaso para paliar dignamente las posibles caídas.



Fuentes de las fotos: Andina y Panorámica

2 comentarios:

Goyín Pebe dijo...

yo recuerdo que manejando bicicleta con nivardo me saque la recun... jajaja...

VeRoNiKa ♫ VeCa ♪ dijo...

Cuando fui estaban ahi arreglando las huacas, realmente me sorprendiii!! tantos recuerdos para todos creo no??
Gianicito gracias por el comment por las fuerzas gracias por decir valiente... hoy por fin me pude inspirar con otro drama en la vida jaja... como me sirve de terapia esto y sobre todo los commentarios tan lindos. gracias giani. Besotesss loquito te quiero mucho